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// LA ETAPA LARVAL

El renacuajo vino después

PALEODEX · 14 de agosto de 2026 · 7 min de lectura

Todos los anfibios que puedas nombrar empiezan su vida como larvas. Fósiles nuevos dicen que los primeros animales de cuatro patas no lo hacían, y la discusión sobre cuánto derriba eso vale tanto como el hallazgo.

Las dos mitades de un nódulo de piedra partido, una junto a la otra sobre fondo blanco, cada una con la impresión de una concha fósil
Las dos mitades de un nódulo partido de Mazon Creek, esquisto de Francis Creek, Illinois. James St. John, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Las ranas, los sapos, los tritones y las salamandras tienen todos la misma vida en dos etapas. Nacen al agua como larvas, pasan un tiempo siendo algo que no se parece mucho al adulto, y después rehacen el cuerpo entero y salen a tierra. Es tan universal entre los anfibios vivos que dejó de parecer una estrategia y empezó a parecer una herencia: la forma en que los vertebrados salieron del agua.

Un artículo de 2026 en Science fue a buscar esa etapa larval en los animales que de verdad hicieron el paso. No está.

Barro que atrapó tejido blando

A una hora al suroeste de Chicago hay un yacimiento llamado Mazon Creek. Hace unos 309 millones de años era un delta, y su barro se cerró alrededor de animales muertos dentro de nódulos de hierro tan rápido que conservó cosas que casi nunca sobreviven: piel, branquias, el contorno de cuerpos blandos. Los nódulos salen cerrados de la tierra. Se parten, y adentro hay algo.

Esa preservación es la razón por la que esta pregunta se pudo hacer. Las crías son pequeñas, de huesos finos y frágiles, y están casi ausentes de la mayor parte del registro fósil. Mazon Creek es uno de los pocos lugares que las atrapa de forma habitual.

Crías que se veían como adultos

Jason Pardo y Arjan Mann examinaron crías y juveniles de esos nódulos. Algunos ejemplares tenían apenas días o un par de semanas de vida.

El animal al que pertenecían era un embolómero: un depredador de ríos y pantanos con forma de cocodrilo, que de adulto superaba los tres metros. Sus crías medían unos centímetros. Y estaban construidas como los adultos: sin branquias externas, sin flecos, sin nada con forma de renacuajo. Una versión pequeña de lo que iban a ser.

Llevaban todo ese tiempo en los cajones. Numerosos ejemplares ahora reinterpretados estaban catalogados desde 1974 como Esconichthys apopyris y se leían como larvas de pez pulmonado. Es medio siglo de material guardado en colecciones bajo un nombre que ya daba por supuesta la respuesta.

A los dos lados del paso

Un solo animal es una anécdota. Así que los autores miraron los dos lados del paso de las aletas a las patas: un pez megalictítido de antes, y aistópodos sin extremidades, parecidos a serpientes, de durante. Todos mostraron el mismo patrón: desarrollo directo, naciendo como adultos en miniatura.

Su conclusión es acotada y conviene respetar su forma: una etapa larval transitoria que termina en metamorfosis se originó cerca o dentro del grupo corona de los tetrápodos. Después, dicho de otro modo. Más cerca de los animales que viven hoy que de los que hicieron el paso. Bajo esa lectura, el ciclo de vida en dos etapas de los anfibios es un invento y no un punto de partida, y no es lo que llevó a nadie a tierra.

La parte que se discute

Aquí la cosa se pone más interesante, no menos.

El comunicado del Field Museum describió el estudio como algo que da vuelta la comprensión científica de cómo los animales conquistaron la tierra. Los especialistas externos que consultó Live Science no estuvieron de acuerdo con ese enfoque, y conviene ser preciso sobre qué fue lo que cuestionaron, porque no fueron los fósiles.

Per Ahlberg, de la Universidad de Uppsala, que lleva cuatro décadas trabajando en la evolución de los primeros tetrápodos, calificó el material de Mazon Creek de magnífico y la interpretación de los fósiles de sólida, pero no encontró los resultados especialmente sorprendentes: nadie, dijo, ha venido sosteniendo en los últimos años que todos los primeros tetrápodos tuvieran esa etapa larval. Tim Smithson, de la Universidad de Cambridge, lo llamó un aporte importante, y lo leyó como una señal de que los primeros tetrápodos pudieron apoyarse en las estrategias reproductivas de sus antecesores. La respuesta de Pardo también está registrada: los especialistas sabían que los datos no respaldaban un desarrollo de tipo anfibio en general, pero igual se seguían haciendo suposiciones.

Y un grupo sí tenía larvas. Los temnospóndilos — el linaje que lleva a los anfibios modernos — son conocidos por haber tenido etapas larvales parecidas a las de las salamandras. El renacuajo es genuinamente antiguo. Simplemente no pertenece a los animales que hicieron el paso, que es una afirmación más pequeña que “el libro de texto está equivocado”, y más duradera.

Lo que no está en disputa es el material. Crías de días de vida, de un tramo del árbol genealógico de los tetrápodos que nadie había visto tan temprano, en tres linajes distintos, y sin un solo renacuajo entre ellos. Eso es nuevo, sin importar cuánto del libro de texto creas que mueve.

Puedes explorar el registro extinto en la Biblioteca de Fósiles, ver moverse los continentes debajo en el mapa de Deriva Continental, y revisar de dónde sale cada dato.

Fuentes

Cada afirmación de arriba se remonta al artículo, a su resumen, o a una declaración registrada.

// PALEODEX

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