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Deinosuchus: ¿por qué aparece en ambas costas?

PALEODEX · 23 de septiembre de 2026 · 8 min de lectura

Un mar partió Norteamérica en dos. El mismo pariente gigante de los cocodrilos aparece en sus dos costas, y la explicación ha cambiado dos veces.

Un cráneo de Deinosuchus a tamaño real montado sobre dos postes de madera en la sala de un museo, fotografiado de perfil con las mandíbulas muy abiertas. De la mandíbula superior cuelgan grandes dientes cónicos y otra hilera sube desde la inferior. Detrás hay una pared de tablones, un panel informativo y un suelo de madera pulida.
Una réplica del cráneo de Deinosuchus, en el Fossil Discovery Exhibit del Parque Nacional Big Bend, Texas. Foto: Jonathan Cutrer, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Durante buena parte del Cretácico superior, Norteamérica no era un solo continente. Un mar poco profundo —el Mar Interior Occidental— iba del Ártico hasta el Golfo de México y partía la masa continental en dos: Laramidia al oeste, Appalachia al este. Si has pasado algo de tiempo con animales del Cretácico, ya te habrás encontrado ese mapa, normalmente como la razón de que los dinosaurios de Montana no sean exactamente los de Nueva Jersey.

Y luego está Deinosuchus, un pariente gigante de los cocodrilos, que aparece a ambos lados.

Parece un detalle menor y no lo es. Es uno de los rompecabezas más tercos de la biogeografía del Cretácico desde 1999, y la respuesta vigente tiene diecisiete meses.

El mapa es el problema

La revisión sistemática del género que Adam Cossette y Christopher Brochu publicaron en 2020 reconoce tres especies, y se ordenan limpiamente por costa: D. hatcheri y D. riograndensis en el lado occidental, desde Montana hasta el norte de México, y D. schwimmeri en la llanura costera atlántica, de Nueva Jersey a Misisipi.

Es decir, el género cruza el mar. Las especies nombradas no. Algo pasó al otro lado, o algo ya estaba a ambos lados cuando llegó el agua.

Un mapa paleogeográfico estilizado de Norteamérica en el Cretácico superior, en colores planos. La tierra verde oliva aparece partida por el medio por una ancha franja de agua azul clara y azul oscuro. La masa occidental está rotulada LARAMIDIA y la oriental APPALACHIA. Una banda naranja recorre parte de la costa oeste y una magenta parte de la este, con siluetas de crocodilianos junto a cada una, y una flecha negra curva cruza el agua.
La distribución de Deinosuchus riograndensis (naranja, oeste) y D. schwimmeri (magenta, este) alrededor del Mar Interior Occidental en el Campaniense. La flecha es la ruta de dispersión hipotética del artículo de 2025: una de las dos lecturas de las que trata este texto, no un hecho resuelto. Figura: Walter, Massonne, Paiva, Martin, Delfino y Rabi, CC BY 4.0, de Communications Biology 8: 611.

Por qué "nadó" estaba descartado

Por dónde se situaba el animal en el árbol genealógico. Desde la filogenia de Alligatoroidea que Christopher Brochu publicó en 1999, y confirmado por todos los estudios posteriores incluida la revisión de 2020, Deinosuchus salía dentro de la rama de los caimanes.

Esa posición arrastra una consecuencia fisiológica, y es concreta, no la vaga idea de que a los caimanes les gusta el agua dulce. Los aligatóridos actuales carecen de glándulas de sal linguales —las estructuras de la lengua que permiten a un cocodrilo eliminar el exceso de sal— y esa ausencia es justamente la razón de que una exposición prolongada al agua salada esté fuera de su alcance. Un caimán aguanta un estuario salobre un rato. Semanas en un mar abierto es otra cosa.

Así que desde 1999 el género era un animal haciendo algo que sus parientes vivos más cercanos no pueden hacer, y la explicación tenía que venir de otro sitio.

Un caimán americano descansando en la superficie de un agua dulce en calma, visto desde algo por encima y de lado. Solo asoma la parte alta de la cabeza: las crestas óseas sobre los ojos, las fosas nasales en la punta del hocico y una línea de escudos dorsales por detrás. El agua oscura refleja en naranja, rojo y azul los árboles de otoño.
Un caimán americano, Alligator mississippiensis, en agua dulce. Los aligatóridos actuales no tienen glándulas de sal linguales, y por eso un mar abierto es para ellos una barrera y no una autopista. Foto: Ken Thomas, dominio público, vía Wikimedia Commons.

La respuesta de 2020: el que se movió fue el mar

La solución de Cossette y Brochu fue la vicarianza, y es buena. Nada tuvo que cruzar nada. Una población ancestral ya estaba repartida por la región; el mar se abrió a través de ella; las mitades oriental y occidental quedaron separadas por el agua nueva y divergieron en especies distintas a cada lado.

Esa explicación no le pide nada a la fisiología del animal, que es precisamente su atractivo cuando el animal está clasificado con los caimanes. El trabajo lo hace la geografía.

La respuesta de 2025: el árbol tenía mal la forma

En abril de 2025, Jules Walter, Tobias Massonne, Ana Laura Paiva, Jeremy Martin, Massimo Delfino y Márton Rabi publicaron una filogenia ampliada en Communications Biology. Su análisis saca a Deinosuchus —junto con Leidyosuchus canadensis y el europeo Diplocynodon— fuera de Alligatoroidea y lo sitúa en la rama troncal de los Crocodylia actuales. El cambio vino en buena medida de añadir dos taxones del Paleoceno al conjunto de datos, que es una frase poco vistosa para describir un resultado bastante drástico.

Mueve al animal ahí y la barrera deja de serlo. En ese árbol, la tolerancia al agua salada se infiere ancestral para Crocodylia y simplemente conservada en Deinosuchus —no algo que hubiera tenido que desarrollar para la ocasión— mientras que la rama de los caimanes la perdió después. Cruzar pasa de imposible a poco llamativo. Los autores escriben que la distribución a ambos lados del mar "se explica mejor por dispersión marina".

Un diagrama de árbol evolutivo en blanco y negro. Ocho nombres se leen en vertical en la parte superior: 'THORACOSAURS', Borealosuchus, Diplocynodon, Deinosuchus en negrita, Leidyosuchus, Gavialoidea, Crocodyloidea y Alligatoroidea. Encima hay dos filas de símbolos: sombrillas tachadas y, debajo, parejas de saleros, cuatro signos de interrogación grandes y una cruz roja sobre Alligatoroidea. Unas líneas diagonales bajan hasta una raíz marcada por una pareja de saleros en un recuadro.
La reconstrucción de 2025 de la osmorregulación en Crocodylia. Los saleros marcan la tolerancia al agua salada inferida, la cruz roja marca su pérdida en la rama de los caimanes, y los cuatro signos de interrogación son el marcador que los propios autores usan para los casos que consideran hipotéticos. Uno de ellos está sobre Deinosuchus. Figura: Walter, Massonne, Paiva, Martin, Delfino y Rabi, CC BY 4.0, de Communications Biology 8: 611.

La parte delicada, porque es fácil exagerarla

Si lees bastante divulgación sobre este resultado te quedarás con la idea de que alguien encontró glándulas de sal en un cocodrilo fósil. Nadie lo hizo, y nadie podría. Las glándulas de sal no dejan correlatos óseos conocidos —la expresión es del propio artículo—. No hay hueso que registre si un animal extinto las tenía.

Lo que produjo el artículo de 2025 es una reconstrucción de estado ancestral: una propiedad inferida para un animal extinto a partir de dónde se sitúa en un árbol y de lo que pueden hacer sus parientes. Y los autores son más cuidadosos con ella que buena parte de la cobertura. Dicen que la tolerancia al agua salada pudo ser ancestral para el grupo corona y conservarse en Deinosuchus, y a continuación, en la frase siguiente, que eso "no significa que la osmorregulación se lograra necesariamente mediante glándulas de sal linguales".

Conviene quedarse con esa distinción. La tolerancia es la inferencia. La glándula es un mecanismo al que no se comprometen. Esos cuatro signos de interrogación de la figura de arriba no son decoración.

Un cocodrilo marino tumbado en una orilla de tierra desnuda y matas de hierba, fotografiado de lado a la luz del día. El animal aparece entero, con la cabeza a la derecha y la boca algo abierta, el dorso cubierto de escudos óseos salientes en gris y verde oliva, y vegetación verde detrás.
Un cocodrilo marino, Crocodylus porosus. Los cocodrilos actuales sí tienen glándulas de sal linguales; fue la rama de los caimanes la que las perdió. Foto: Bernard Dupont, CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.

Entonces, ¿cuál de las dos?

Nadie lo ha resuelto, y no vamos a fingir lo contrario.

La lectura de 2020 no se ha retirado. Depende de la posición dentro de Alligatoroidea que el análisis de 2025 rechaza, y eso es un problema real para ella; pero una filogenia publicada hace diecisiete meses no es un consenso, es una propuesta que se va a poner a prueba. El propio artículo de 2025 plantea su alternativa de forma condicional: "si hubo especiación", la dispersión encaja mejor con el árbol nuevo que la vicarianza. Incluso señala que una lectura literal del registro fósil implicaría un cruce de este a oeste, porque los registros orientales son algo más antiguos, antes de añadir que eso puede deberse sin más a un sesgo de muestreo.

Cuando buscamos objeciones publicadas a la filogenia de 2025, no encontramos ninguna. Eso es una ausencia de objeciones, no un respaldo, y conviene decir cuál de las dos cosas es.

Por qué esto está en PaleoDex

Porque los fósiles son la parte fácil. Los dos equipos coinciden por completo en qué se ha excavado y dónde: Deinosuchus está en las dos costas de un mar desaparecido, y se sabe desde mucho antes de cualquiera de los dos artículos. En lo que no coinciden es en la historia que une esos puntos, y el desacuerdo no giró sobre un fósil nuevo sino sobre dónde va una rama, que es un buen recordatorio de que un árbol genealógico es una prueba y no un archivador.

Si quieres ver lo que ese mar le hizo al mapa, la vista de deriva continental es la herramienta. El resto del catálogo, documentado igual, está en el Fossil Dex, y cómo decidimos qué cuenta como documentado está en Sobre los datos.

Fuentes

Cada afirmación de este texto procede de las fuentes siguientes. Cuando nos apoyamos en la lectura que otro hizo de una fuente, lo decimos.

Deliberadamente fuera de este texto. Cuánto medía este animal. Hay al menos tres cifras publicadas defendibles para la longitud del ejemplar más completo, el artículo de 2025 dice que los enfoques anteriores pudieron sobrestimar al taxón, y la cifra que más circula viene de la filogenia cuyo rechazo es el tema de este texto. Merece su propio artículo y no una frase segura aquí.
// PALEODEX

Lo bueno está en los detalles.

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